Transformación de los sistemas Agroalimentarios

Cambiar nuestras dietas y la forma en la que producimos alimento es deseable y necesario. Vivimos importantes momentos como civilización donde tenemos que escuchar las voces científicas que nos presentan datos duros acerca de los riesgos que existen y las transformaciones que tenemos que realizar para mantener los límites planetarios dentro de un rango estable: cambio climático, acidificación de los océanos, biodiversidad, degradación de los suelos, etc. De alguna manera, nosotros mismos nos hemos puesto en una situación vulnerable que nos amenaza cada día, cada año: disponibilidad de alimentos, inflación, crisis sanitaria, etc.

La produción mundial de alimentos amenaza la estabilidad climática y la resistencia de los ecosistemas, impacta directamente en factores clave para la supervivencia de la vida como el balance hídrico: la disponibilidad de agua para las actuales y futuras generaciones.

Un cambio que resulta interesante por estar «listo para la implementación» es la puesta en marcha de prácticas agroecológicas para la producción de alimento. Esto ya no es un riesgo conceptual, ya se ha validado en varios contextos que producir alimento con la Naturaleza a favor es mucho mejor para el medio ambiente, para las comunidades locales y para la economía. Al final, el reto es operativo: ¿cómo logramos un cambio en las políticas y los incentivos gubernamentales para que se vayan desplazando prácticas degenerativas como el uso de glifosato por otras prácticas de manejo de malezas?

En México existe un decreto de gradual eliminación del glifosato, que es el herbicida más comunmente usado en prácticamente todos los sistemas agropecuarios. Si bien ha sido cobijado con programas de capacitación a los productores, es importante que «los ciudadanos de a pie» conozcan las consecuencias de este tipo de agroquímicos no nada más en los ecosistemas sino también en nuestros organismos.

En Estampa Verde promovemos prácticas agroforestales como la punta de lanza de estas transformaciones. Creemos que los árboles y los bosques proveen una innumerable cantidad de beneficios para la nutrición, la seguridad y soberanía alimentaria que no han sido del todo entendidos. Desde la provisión de alimento, combustible y servicios ambientales, permiten la estabilidad productiva de los agroecosistemas. Tenemos que entender que una parcela sana y productiva está enmarcada en un contexto de bosques y selvas que debe de ser reconocido, protegido y salvaguardado del avance de la agricultura y ganadería convencional.

Ya «nos comimos» nuestra parte de biodiversidad que nos tocaba y más. No queda otro camino más que la regeneración para poder evitar daños permanentes.

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