“Come menos carne”

La siguiente es una traducción de un artículo publicado en Civil Eats de Ariel Greenwood, la encargada de los árboles frutales en un gran proyecto permacultural en California: Occidental Arts & Ecology Center. En este artículo aborda la muy importante discusión acerca del rol de la ganadería en nuestra alimentación y nuestros ecosistemas.

Como una “cowgirl” que conoce y aplica principios de Manejo Holístico para el pastoreo del ganado, sabe perfectamente el potencial que existe en el apropiado manejo de los herbivoros en el paisaje para la restauración de los servicios ambientales.

Actualmente en nuestro trabajo en Estampa Verde estamos buscando colaborar con diferentes ganaderos de la zona de los Tuxtlas para que se implementen mejores prácticas de manejo del ganado, a diferentes escalas. Tenemos que hacer una transición a gran escala rápidamente, para que la región deje de ser la productora de carne barata para el mercado nacional y para los grandes acopiadores de ganado que terminan engordando al mismo en condiciones no favorables para el ambiente y para la gente.

Sin más preámbulos, aquí el artículo, esperando genere una estimulante discusión:

Come más carne

Por Ariel Greenwood

Dadas las preocupaciones acerca de la producción de carne industrial, altamente dependiente de recursos externos, pensarías que el mensaje que debería de resonar sería: “no compres carne barata, compra carne buena”.

En cambio, una regla en los círculos ambientalistas es decir: “come menos carne”, lo que simplemente enmarca el consumo de carne como una indulgencia personal en lugar de ser: 1) el resultado final de un proceso ecológico esencial que sucede desde tiempos inmemoriales (la descomposición biológica de la vegetación para permitir el desarrollo de nueva vegetación) y 2) el punto de partida en el que la tierra alrededor del planeta es administrada o mal administrada.

Las consecuencias de este mensaje son sentidas muy fuertemente por mi persona y por otros que han comprometido sus vidas a restaurar la salud de los ecosistemas directamente a través del pastoreo exquisitamente planeado y que dependemos del apoyo de nuestras comunidades para hacer este trabajo.

“Come menos carne”. Lo que puede ser mencionado como una advertencia bien intencionada entre ambientalistas conscientes se convierte en una barrera principal para mí misma y otros que como yo estamos haciendo nuestro trabajo. Y es difícil no tomarse eso personalmente. Porque ¿qué podría ser más personal que la salud de mi cuenca y de los reinos de vida que lo habitan? Si estas cosas no son personales para ti, tenemos un gran problema.

Nuestro trabajo sucede de esta manera: memorizamos cada rincón y hendidura del paisaje como si fuera el cuerpo de nuestro amante. Estudiamos como el agua fluye a través y cómo crecen los pastos y forrajes. Plantamos árboles donde alguna vez existieron y donde deberían de estar nuevamente. Pasamos horas no remuneradas moviendo a los animales exactamente al lugar a donde deben de ir para tumbar matorrales en tierras que han sido descuidadas por años. Montamos cercas para proteger los nidos de las aves y los hábitats de otras especies salvajes. Dejamos áreas sin pastorear durante una temporada y podemos calcular el costo, porque sabemos en nuestras gargantas, en nuestros pechos, en nuestros estómagos y en nuestros huesos (ahí es donde lo sentimos) que necesita otra temporada antes de ser pastoreada de nuevo. Somos tirados, pateados, cortados y lesionados; no solamente arriesgamos el ser lesionados, sino que lo aceptamos. Memorizamos el nombre de especies que solían crecer y vivir ahí pero que ahora están extintas. Amamos la tierra y sus habitantes lo suficiente como para no priorizar el generar y acumular riqueza personal.

Pero esto no se trata de ser mártires y no se puede ordeñar una vaca seca, así que como todos los demás, los pastores necesitamos generar ingresos. Hasta que los ambientalistas VERDADERAMENTE pongan su dinero donde está su boca, tendremos que vender el excedente de nuestras manadas (la carne de algunos de los animales) a la gente fuera de nuestros territorios para poder cubrir el costo de ser humano sobre el planeta.

Créeme, quisiera ser un ente fotosintético autótrofo que obtiene los nutrientes que necesita directamente del sol.

No todo el pastoreo es igual. Esta es la esencia que no se discute cuando se habla acerca del impacto del ganado en nuestros ecosistemas locales y en el clima global. Décadas de malas prácticas han dejado un legado muy difícil para aquellos que estamos pastoreando con objetivos regenerativos. Pero cuando los animales son pastoreados de acuerdo con los tiempos de la naturaleza, cambios hermosos pueden suceder muy rápidamente.

Durante el año pastoreo a los animales en manadas apretadas para acostar pastos viejos que habrán de alimentar el suelo. Otras veces, los pastoreo rápidamente en la propiedad para estimular el crecimiento saludable y denso de los pastos, mientras se captura carbono de manera profunda en la red trófica del suelo. Puedo detener la erosion en los márgenes de los arroyos basándome en la manera en la que muevo estos grandes animales y estabilizar lomas vulnerables a través de la cuidadosa toma de decisiones. Para mí y para muchos otros como yo el pastoreo es nuestra forma de hacer arte – es nuestra mejor herramienta para dar nueva vida en terrenos abandonados.

“Come menos carne” tiene que ver con mitigar el daño y desperdicia la oportunidad de decirle a la gente que hay maneras en las cuales se puede beneficiar al planeta. La carne producida de manera industrial es incuestionablemente perjudicial para el ambiente y para los animales. Pero perpetuar el mito de que la carne es necesariamente mala para el medio ambiente significa que la carne que es buena para el ambiente nunca alcanza suficiente apoyo. Al contar solamente la mitad de la historia estamos perpetuando el problema porque nunca nos preocupamos de mencionar la solución.

Hasta que los ambientalistas que se oponen al pastoreo de animales y a comerse su carne me demuestren un compromiso de vínculo personal, riesgo y práctica profunda del mismo nivel que los pastores que he conocido en mi vida y me demuestren el mismo nivel de conocimiento de las dinámicas de los pastizales, seguiré expresando mayor curiosidad y humildad hacia los gerentes de la tierra y rancheros que hacia el amplio movimiento de ambientalistas. He tenido el gusto de conocer muchos vegetarianos y carnívoros preocupados que han invertido tiempo en entender los procesos de regeneración ambiental. Desafortunadamente, muchos otros creen firmemente que permanecer sentados en casa leyendo artículos sobre problemas ambientales y ver videos y documentales es suficiente educación.

Cuando decimos “come menos carne” y termina la discusión ahí, perdemos una gran oportunidad de equipar a la gente con los medios para obtener proteína que no solamente los va a nutrir pero que también va a restaurar los ecosistemas de su región. Y detrás de las hectáreas que son administradas deficientemente debido a la poca educación de los consumidores está un mayordomo de la tierra que no puede hacer su trabajo.

El apetito es energía. En lugar de tratar de detener el apetito por la carne al desalentar su consumo directamente, una mejor manera de administrar esa energía sería concentrarla donde puede hacer un bien mayor. Haciéndolo de esta manera, no solamente estamos mejorando nuestro ambiente, estamos ampliando la demanda de pastores que pueden producir carne y regenerar servicios ambientales.

No “comas menos carne”. Come carne de la gente cuyas manos puedas estrechar y de los ranchos que puedas visitar. Come tanta cuanto puedas comprar, porque esa comida proviene de sistemas de producción que impactan varias hectáreas del paisaje. Obtener tu proteína de lugares de los que puedas dar testimonio significa que puedes verificar que sus pastizales son también el hábitat del coyote, de la nutria, de los búhos y de los osos. Significa que estás manteniendo el paisaje salvaje y libre. La carne producida bajo este tipo de manejo puede ganarle a cualquier campo de frijoles como una fuente justa de proteína.

Tenemos que pagar por el mundo en el que queremos vivir. Esto significa que el consumo de la carne de otros seres sensibles puede necesitar una línea importante en nuestros presupuestos personales, junto a las “salidas a comer” o el “entretenimiento”. Tal vez es tiempo de que socialicemos nuestro presupuesto y el de otros para usar ese dinero para comprar carne producida por los pastores que construyen suelo en nuestras comunidades.

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